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Ryota Komatsu: «Mi misión es difundir el tango en todo el mundo»

septiembre 20, 2026
Ryota Komatsu tocando el bandoneón en el Teatro Colón

El bandoneonista japonés Ryota Komatsu, de 52 años, se presentó en el Festival y Mundial de Tango de Buenos Aires tras 21 años de ausencia. Actuó en la gala de cierre en el Teatro Colón y como solista invitado del Sexteto Mayor.

A los 17 años vino por primera vez a la Argentina. Corría el año 1990 cuando conoció a Víctor Lavallén, Roberto Goyeneche y fue al Café Tortoni a escuchar la orquesta Color Tango original: “Aquella noche cambió mi vida”, dirá… Sin embargo, su pasión por el tango había comenzado varios años antes, en su casa de Tokio, junto a sus padres músicos cuando descubrió el bandoneón para no dejarlo nunca más.

Después, conoció al bandoneonista Cacho Giannini que había ido a tocar acompañando a José Colángelo, e inmediatamente, le pidió al maestro que le diera clases.

El artista japonés más popular del tango

Hoy, con 25 discos editados y presentaciones por varios países del mundo Ryota Komatsu (52 años, casado, tres hijos), es el bandoneonista japonés más popular de la actualidad. Un referente para los artistas del continente asiático y además un prolífico compositor, no solo de tango sino también de música para películas de anime.

Despues de 21 años de ausencia y gracias a las gestiones del Campeón Mundial de Tango Salón, docente y emprendedor cultural Dante Sánchez, Komatsu volvió a la Argentina para presentarse en el marco del último Festival y Mundial de Tango organizado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, actuando en la gala de cierre realizada en el teatro Colón junto con sus músicos Shinji Tanaka (en contrabajo), Keiji Matsumoto (piano), Hiroki Fukui (guitarra) y Kumiko Kondo (violinista y además, su esposa).

Y no solo eso: tocó luego como invitado solista del Sexteto Mayor, dirigido por Horacio Romo. Antes de retornar a su país, donde piensa presentar un nuevo disco y realizar varias giras, el bandoneonista del Japón reafirmó su fervorosa vocación tanguera: “Mi misión es difundir el tango en todo el mundo”.

-¿Su nombre Ryota tiene algún significado?
– Es algo simbólico, importante, grande… Eso es más o menos.

-Sus padres era músicos y querían que sea concertista, ¿Por qué usted eligió el bandoneón?
-De niño quería ser director de orquesta sinfónica, pero un día llegó a mi casa un bandoneón para otra persona y quedó depositado ahí, y por puro interés empecé a jugar con él y a tocar el instrumento.

-¿Cuál es su primer recuerdo de tango?
-La trampera, Canaro en París y Quejas de bandoneón, interpretados por el bandoneonisra japonés Koji Kyotani, con mis padres ensayando en casa. Yo tenía 7 u 8 años.

-¿Cuáles son los momentos “clave” en su trayectoria?
-El encuentro con el bandoneonista Cacho Giannini en un hotel de Tokio. El fue con José Colángelo. Yo tenía 16 años cuando le pedí que me diera clases.

-¿Es verdad que fue a la cancha de Huracán, adonde esparcieron sus cenizas?
-Si, fui para rezar, con el corazón y rendirle homenaje.

-¿Cómo vivió la función con su cuarteto en el teatro Colón?
-Para mí, es casi un sueño realizado tocar en el Colón.

¿Quedó conforme como resultó?
-Si. Sentí que hubo diferencia entre el sonido que escuchamos entre el grupo y el que se siente desde afuera. Para el público se escuchó bien. Viendo luego los videos por internet, para afuera el sonido estuvo todo perfecto.

-Fue muy emotivo escuchar los arreglos de Berlingieri. ¿Cómo eligió el repertorio?
-El arreglo de “Vida mía” es mío y fue, principalmente, para presentar a mis músicos. Me gusta mucho la música de Alfredo Gobbi y por eso compuse “Carta a Alfredo Gobbi” en su homenaje y el arreglo de Osvaldo Berlingieri de “Por la vuelta” fue hecho para el violinista Kiyoshi Shiga, primer violín de la Orquesta Típica de Tokio.

-¿Hace mucho que toca junto a este cuarteto?
-Mas o menos… El pianista hace solo un año que toca tango. En Japón es muy difícil encontrar un pianista que tenga talento para tocar tango. Los pianistas se dividen naturalmente en los de música clásica o jazz. En realidad, para ser buen pianista de tango hay que tocar música clásica y música popular. En Buenos Aires, hay muchos músicos así, Cacho Giannini también tocaba así.

-¿Cómo siente que a nivel mundial haya una invasión de música de reggaeton, rap y trap?
-La variedad musical está bien, pero me parece que está demasiado americanizada la situación actual y por cualquier lugar del mundo se escucha lo mismo. Ese es el problema.

-¿Cree que es posible volver a un mundo con música con más melodía y más sofisticada como lo fue en el pasado?
-La música de Astor Piazzolla puede ser otra vez una nueva entrada para mover a cierta gente… Ahora, todo el mundo toca la música de Piazzolla, pero en muchos casos erroneamente interpretada. Hay muchos aficionados que les gusta Piazzolla y no saben nada de tango. Por eso, para mí, ahora lo más importante es difundir el tango no de Piazzolla, sino transmitir la esencia del tango a los jóvenes.

-¿Le gusta Arolas?
-Si. Derecho viejo, El Marne… tiene muchos tangos buenos.

-¿Qué anécdota o recuerdo tiene de tantos grandes maestros que conoció?
-Por ejemplo, conocí al pianista Omar Valente que tenía un talento enorme, y al maestro Víctor Lavallén. Porque en 1990 fui al Café Tortoni a ver a la orquesta Color Tango original, con Roberto Alvarez, Lavallén, Tolosa… Aquella noche cambió mi vida. Era increíble esa música tan linda y tan buena. Despues de diez años, en el 2000, lo invité a Lavallén a tocar en mi concierto. El era muy duro en los ensayos, rígido, pero después del concierto nos sorprendió el nivel que pudimos lograr. Tal vez, desde ese momento cambió mi mente y entendí que tenemos que tocar a ese nivel y de esa manera, como nos exigió Víctor.

-La española Dioni De Amaral comentó que cuando vino a Buenos Aires cambió su manera de cantar. En su caso, ¿conocer Buenos Aires tuvo alguna influencia en su manera de interpretar el tango?
-Mi primera visita fue en 1990, yo tenía 17 años y la situación no estaba tan bien en general, los shows de tanguerías para los americanos, for export, no eran tan buenos… hasta que alguien me recomendó ir al local Berretín y allí escuché a Roberto Goyeneche acompañado en bandoneón por Lavallén. Conversé con él y me habló de un nuevo grupo: Color Tango y fui a escucharlos al Café Tortoni.

-La cantante Ana Saeki me dijo que la música del tango le tocó el corazón. Y que mientras nosotros los argentinos nos dejamos llevar por los sentimientos, los japoneses en cambio se guían por el deber. ¿Le ha pasado algo similar?
-Los japoneses naturalmente, necesariamente, tenemos conciencia del deber. Yo también. Mis padres eran músicos de tango -pianista y guitarrista-, y en Japón creo que no hay otro caso que de padres a hijo sean músicos de tango. Unico ejemplo, creo. Así que yo sentía “cierto deber”. Pero en realidad, sin la música del tango yo no hubiera nacido porque mis padres se unieron por el tango, así que sin el tango yo no existiría.

-¿Cuál es su próximo sueño o meta por cumplir como artista?
-Ahora, al menos la música clásica y el pop se escuchan en todo el mundo gracias a internet. Yo quisiera que sea así también con el tango, que sea conocido por todo el mundo, no para una minoría. Quiero impulsar y difundir el tango por el resto de mi vida.

-¿Pensó en llevarlo a Broadway, tal vez…?
-En mi opinión, los estadounidenses siempre tratan de americanizar la cultura extranjera…

-¿Quisiera decirle algo a los lectores que no le he preguntado?
-Yo soy extranjero, pero tengo una misión: difundir el tango a todo el mundo.

* Directora de ‘La Milonga Argentina’