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Leer en voz alta mejora la memoria, según un estudio de 2017

octubre 23, 2026
Persona leyendo un libro en voz alta

Una investigación de la Universidad de Waterloo encontró que leer en voz alta produce un mejor recuerdo que la lectura silenciosa, escuchar a otra persona o escuchar una grabación de la propia voz.

Leer una parte de un texto en voz alta puede parecer más lento que recorrerla mentalmente. Sin embargo, si el objetivo es recordar información concreta, esa pequeña pérdida de velocidad puede tener una recompensa. La explicación recibe el nombre de efecto de producción.

Investigadores del Departamento de Psicología de la Universidad de Waterloo realizaron un experimento con 95 participantes para determinar qué parte de leer en voz alta explicaba su ventaja sobre la lectura silenciosa.

Compararon cuatro situaciones diferentes. Los participantes podían leer palabras en silencio, escuchar a otra persona pronunciarlas, escuchar una grabación de su propia voz o leerlas ellos mismos en voz alta. Cuando más tarde se puso a prueba su memoria, leer en voz alta produjo el mejor recuerdo de las cuatro condiciones.

Escuchar una grabación de la propia voz también ofrecía una ventaja, pero menor. Luego aparecía escuchar la voz de otra persona y, por último, la lectura silenciosa.

Por qué recordamos mejor lo que nosotros mismos decimos

Los investigadores concluyeron que el beneficio parece surgir de la combinación de dos elementos. El primero es motor: leer en voz alta obliga a producir físicamente la palabra mediante los movimientos asociados al habla. El segundo es autorreferencial y auditivo: escuchamos una voz, pero sabemos que esa voz es nuestra.

Esa combinación hace que la información se destaque frente a otras palabras estudiadas de una manera menos activa. El psicólogo Colin MacLeod, coautor del estudio, lo explica mediante la idea de distintividad: producir un elemento deja señales adicionales durante la codificación y esas señales pueden utilizarse después para recuperarlo.

En 2017, cuando se realizó el estudio, la Universidad de Waterloo resumió la conclusión de una forma sencilla: la acción conjunta de hablar y escucharse a uno mismo era la que producía el mayor beneficio.

Esto no significa que convenga leer todo en voz alta. El efecto de producción ha sido particularmente estudiado con palabras y materiales que pueden diferenciarse del resto. De hecho, investigaciones anteriores del mismo laboratorio mostraron que la ventaja es muy clara cuando algunos elementos se producen y otros se leen en silencio, porque los primeros adquieren una característica distintiva.

Por eso, una aplicación práctica podría ser reservar la lectura en voz alta para definiciones, conceptos, nombres o fragmentos particularmente importantes, en lugar de intentar recitar cada página de un libro.

Tampoco leer en voz alta garantiza comprensión. Una persona puede pronunciar perfectamente una frase sin entender lo que significa. La técnica ayuda con determinados procesos de memoria explícita, no sustituye elaborar, relacionar o comprender el contenido.

Aun así, el fenómeno muestra algo interesante. Estudiar no depende solo de aquello que entra por los ojos. Cuando pronunciamos una información, añadimos movimiento, sonido y una referencia muy poderosa: “esto lo dije yo”. Y esa pequeña marca personal puede hacer que, cuando llegue el momento de buscar el dato en la memoria, resulte más fácil encontrarlo.