El texto, firmado por un doctor en Psicología y psicoanalista, aborda conceptos como el aceleracionismo, la pulsión de muerte y el antagonismo, con referencias a Freud y a declaraciones de Javier Milei.
En un artículo de opinión publicado en este medio, un doctor en Psicología y psicoanalista, autor del libro «Freud y la psicología de los pueblos», desarrolla una reflexión sobre el aceleracionismo, definido como la combinación entre tecnología, velocidad y capitalismo. El texto parte de una cita del poeta Juan Gelman y se estructura en varios apartados.
El autor sostiene que el tiempo, cuando se traduce únicamente como aspiración a una aceleración creciente, deviene en urgencia mortífera. En términos freudianos, afirma que Eros, pulsión de vida, es un ritmo que combina constancia, deseo y ternura, y solo así es posible amortiguar la pulsión de muerte, cuya expresión es la aceleración creciente. Como ejemplo, menciona que en las redes sociales una imagen se llama «historia» y dura apenas 24 horas.
El artículo señala que el aceleracionismo busca el extremo y suprime las contradicciones vitales. Según el autor, la primera condición para resolver las contradicciones es que no se resuelvan, manteniendo sus extremos en tensión, lo que Freud denominó conservación de la vida. Añade que conservar la vida exige un largo rodeo que se oponga al goce en la aceleración.
En otro apartado, el autor diferencia el sentido de un pacto democrático, social y político de lo que Javier Milei llama «acuerdo entre privados». Sostiene que estos últimos son un disfraz negacionista de las desigualdades y no pueden acotar la ley del más fuerte. Afirma que mientras el ahorro es expresión de la duración y el trabajo, la pura velocidad es el criterio de la financiarización.
El texto introduce el concepto de antagonismo, entendido como la lógica que distingue un nosotros de un ellos. Sostener dicho antagonismo es, para el autor, la condición para la denegación de la violencia. Si se elimina uno de los términos antagónicos, como procura la derecha fascista, la negatividad implosiona como violencia y caos.
El autor también aborda la ambivalencia, que describe la coexistencia interna de vida y muerte, amor y odio, placer y displacer. No debe confundirse con ambigüedad: en la ambivalencia se identifican las contradicciones; en la ambigüedad prevalecen el caos y la indiferenciación. El respeto y reconocimiento de la ambivalencia es, según el autor, la única operación posible para advertir los contenidos que se tienden a expulsar.
Finalmente, el artículo menciona que en cualquier sistema la desregulación designa una escena crítica, aunque el actual gobierno se enorgullece de tener un ministerio homónimo. El autor cita a Freud: «no se piensa de buena gana en molinos de tan lenta molienda que uno podría morirse de hambre antes de recibir la harina». Concluye que la reunión de tecnología, financiarización y aceleración explica por qué los GPS conducen a una desorientación creciente, los celulares dejan más incomunicados y las redes sociales son correlativas de la destrucción de vínculos.