Dulia Flores Valeriano, oriunda de la zona de alta montaña, fue alojada en la residencia del hospital durante su embarazo de alto riesgo, tras la imposibilidad de regresar a su hogar por el deterioro del camino.
Lejos de su hogar en alta montaña, Dulia Flores Valeriano encontró en el Hospital Avellaneda atención médica y alojamiento. Durante más de tres meses permaneció en Casa Clarita, donde recibió acompañamiento para atravesar un embarazo de alto riesgo, dar a luz a su hijo Tahiel y continuar con los controles de ambos.
Cuando la paciente llegó al Hospital Avellaneda, todavía estaba embarazada. Había sido trasladada desde la Alta Montaña debido a una amenaza de parto. Aunque logró superar esa primera etapa, regresar a su hogar no era una opción. Las lluvias habían deteriorado el único camino de acceso y para llegar hasta su vivienda era necesario hacerlo a caballo.
Fue entonces cuando comenzó una nueva etapa. Dentro del Hospital Avellaneda, en una casa construida gracias a una donación de la Cooperadora de la institución, encontró un lugar donde permanecer mientras continuaba su embarazo. Casa Clarita, creada para alojar temporalmente a madres y niños provenientes de zonas alejadas de la provincia, se convirtió durante más de tres meses en su hogar.
El coordinador de Casa Clarita y supervisor de Enfermería, licenciado Gustavo Figueroa, explicó que la residencia fue creada para acompañar a madres y niños provenientes de zonas alejadas de la provincia, facilitando el acceso a consultas, estudios complementarios y turnos médicos. Además, destacó que el equipo realiza un seguimiento permanente y acompaña a las familias durante las distintas instancias de atención que requieren. La estadía de Dulia fue distinta a la mayoría de los casos: mientras la residencia suele recibir familias por pocos días, su permanencia se extendió durante más de tres meses debido a la complejidad de su situación. Al referirse a ese proceso, Figueroa afirmó: ‘Ella ingresó por un embarazo de alto riesgo y, por la imposibilidad de regresar a su domicilio, decidimos alojarla en la casa. Acompañamos todo el embarazo hasta su finalización. Le hicimos un baby shower, recibimos donaciones y la verdad es que la hemos acogido como parte de nuestra familia’.
Desde el Servicio de Internación Conjunta y Embarazo de Riesgo, el equipo interdisciplinario siguió de cerca la evolución del embarazo y trabajó para garantizar la continuidad de la atención. La jefa del servicio, licenciada especialista Carla Dávila Pérez, destacó el trabajo articulado entre los distintos equipos del hospital, que permitió acompañar a Dulia durante más de tres meses y medio desde su ingreso por una amenaza de parto. En ese período, recibió atención interdisciplinaria de profesionales de distintas áreas, participó de la Escuela de Embarazadas y completó más de once controles durante la gestación. Sobre ese vínculo, Dávila Pérez declaró: ‘Nunca cortamos ese cordón umbilical. Siempre vinimos a verla, nos encariñamos con ella y con su historia. Lo que hicimos fue garantizar una verdadera continuidad del cuidado’.